Noticia publicada por el Ideal Gallego
Todos tenemos pequeñas lesiones en la piel que nos pueden llegar a preocupar en algún momento. En la mayoría de las ocasiones son benignas y no suponen ningún tipo de amenaza para la salud. Sin embargo, es conveniente revisarlas de forma periódica, sobre todo, si cambian de aspecto.
Desde el punto de vista científico, la observación temprana y el seguimiento dermatológico adecuado son claves para un diagnóstico preciso. La dermatóloga Susana Ribero nos da las cinco claves que indican cuándo es aconsejable una valoración dermatológica.
“En el caso de los lunares, se utiliza habitualmente la regla ABCDE del melanoma, esta regla mnemotécnica ayuda los pacientes a realizar una correcta valoración de sus lesiones cutáneas”, comenta la especialista:
- A (Asimetría)
- B (Bordes irregulares)
- C (Color heterogéneo)
- D (Diámetro > 6 mm)
- E (Evolución): crecimiento, cambio de color, sangrado, picor o dolor
Además, y esto aplica a todo tipo de lesiones, “también es aconsejable acudir al dermatólogo cuando una lesión cambia de aspecto, sangra, no responde al tratamiento habitual o aparece una nueva en la edad adulta”. La doctora Ribero, recalca, a su vez, que hay que prestar especial atención cuando el paciente presenta antecedentes personales o familiares de cáncer cutáneo, tiene la piel clara, múltiples lunares o se ha expuesto a la luz solar de forma intensa.
Opciones de tratamiento
La evidencia científica indica que no todos los lunares deben eliminarse de forma sistemática. Los lunares clínicamente benignos suelen mantenerse en observación, sin necesidad de ser extirpados. “No obstante, la extirpación puede estar indicada con fines diagnósticos o terapéuticos cuando la lesión presenta características atípicas, como ocurre en los lunares benignos, cuando existen cambios sutiles pero persistentes en el tiempo, o cuando el paciente pertenece a un grupo de alto riesgo de melanoma”, apunta la dermatóloga del hospital Ribera Juan Cardona.
“La decisión de extirpar una lesión debe individualizarse, en base a criterios clínicos, dermatoscópicos, y, cuando es necesario, en el estudio histopatológico. Este enfoque científico y personalizado permite diferenciar lesiones benignas de aquellas que requieren tratamiento precoz, mejorando de forma significativa el pronóstico”.
Prevención
De forma preventiva, se pueden tomar ciertas precauciones que disminuyen la posibilidad de padecer nuevas lesiones cutáneas o empeorar las ya existentes. En primer lugar, es recomendable optar por una exposición progresiva al sol. Esto favorece que la piel se broncee ligeramente, lo que indica la correcta producción de melanina, un pigmento natural que ayuda a evitar las quemaduras solares.
En segundo lugar, es fundamental protegerse del sol eligiendo una crema solar con un factor de protección solar (conocido como SPF, por sus siglas en inglés “Solar Protection Factor”) preferentemente mayor de 30, siendo ideales los de 50. Además, dependiendo del tipo piel (grasa, seca, mixta, intolerante, etc.) es aconsejable seleccionar un fotoprotector específico. Por ejemplo, las pieles grasas tienen exceso de sebo, así que absorben mejor los productos fluidos y con texturas ligeras.
En cuanto a su correcto uso, es recomendable aplicarlo antes de realizar actividades al aire libre y renovar la aplicación cada 2-3 horas. Los niños, por su parte, deben utilizar productos pediátricos, que son más adecuados para su tipo de piel. En el caso de los menores de 6 meses se desaconseja su uso, así como la exposición directa al sol.
En definitiva, la consulta dermatológica ante cualquier duda es una estrategia preventiva. Observar la piel de forma consciente es fundamental para cuidar la salud cutánea a lo largo de la vida.



