Lorena Legaspi: «La gran revolución de la IA es que la terapia no termina cuando el paciente sale por la puerta de la consulta»

Noticia publicada por El Progreso Salud

  • La comunicación es lo que nos hace humanos, pero la ciencia que la estudia y la sana, la logopedia, sigue siendo la gran desconocida. Esta disciplina está logrando hitos que antes parecían milagros, según confirma Lorena Legaspi, especialista de Ribera Polusa

La logopedia continúa siendo una disciplina poco conocida. ¿Cuáles son sus principales ámbitos de actuación? 

Es una paradoja curiosa: la comunicación es lo que nos hace humanos, pero la ciencia que la estudia y la sana, la logopedia, sigue siendo la gran desconocida. A menudo nos reducen a «el profesional que ayuda con la letra R», pero eso es solo la punta del iceberg. Nuestra labor es inmensa, porque abarca todo el ciclo de la comunicación y las funciones vitales de la boca y la garganta. Trabajamos con el lenguaje (la capacidad de estructurar el pensamiento), el habla (la ejecución física de esos sonidos), la voz (nuestra identidad sonora) y la audición. Pero también somos expertos en la deglución. Un logopeda es vital en una unidad de neonatología para que un bebé aprenda a succionar y deglutir, y es igualmente necesario en una planta de neurología para que un paciente que ha sufrido un ictus no aspire al intentar beber agua. Además, más allá de lo puramente orgánico o funcional, nuestra intervención tiene un componente social y psicológico profundo. Al rehabilitar la comunicación, estamos devolviendo a la persona su herramienta de participación en la sociedad; estamos luchando contra el aislamiento que provoca no ser comprendido. No se trata solo de que un niño aprenda a leer o de que un adulto recupere el habla tras un accidente, sino de que ambos puedan volver a compartir una anécdota en una cena, expresar un sentimiento o comunicar sus necesidades básicas. En una sociedad que se mueve a través de la información y el intercambio, el logopeda actúa como un puente, permitiendo que la persona recupere su lugar en el mundo y su autonomía personal. En definitiva, los logopedas nos encargamos de proteger y mejorar la capacidad de expresar quiénes somos y de cubrir nuestras necesidades más básicas.

¿En qué áreas se están logrando mejores resultados?

Estamos viviendo hitos que antes parecían milagros pero, si tuviera que destacar un área, sería la neurologopedia, tanto en niños como en adultos. En atención temprana, gracias a los avances en neurociencia, estamos intentando que niños con retrasos severos del lenguaje se equiparen a sus iguales antes de empezar la primaria, evitando así un efecto dominó de fracaso escolar y problemas en el futuro de los menores. Por otro lado, en el tratamiento de la afasia (la pérdida del habla tras un daño cerebral), los resultados son muy positivos. Antes se creía que después de unos meses el cerebro no presentaba más opciones de recuperación; hoy, mediante terapias intensivas y el apoyo de nuevas tecnologías, vemos a personas recuperar el hilo de su vida, volver a mantener una conversación en una cena familiar y poder comunicar aspectos importantes del día a día. Este salto cualitativo en los resultados también se debe a que hemos pasado de una logopedia reducida al ámbito clínico a una logopedia basada en la funcionalidad. Ya no nos limitamos a realizar ejercicios aislados en una sala de consulta; ahora trabajamos integrando a la familia y el entorno del paciente como parte activa del proceso. Esta visión más funcional, sumada al uso de herramientas digitales que permiten una práctica diaria mucho más constante, ha hecho que los tiempos de rehabilitación se acorten y que los logros sean mucho más estables a largo plazo. El éxito actual reside en que no solo buscamos que el paciente hable mejor, sino que recupere su autonomía y su identidad, logrando que una limitación física o neurológica no defina el resto de su vida. 

Actualmente, ¿diría que están trabajando más con niños o con mayores?

La balanza se está equilibrando de una forma muy rápida. Históricamente, nuestras salas de espera estaban llenas de mochilas escolares, y esa prevención sigue siendo un pilar fundamental de nuestra profesión. Sin embargo, el cambio demográfico ha traído a nuestras consultas otro tipo de pacientes: los adultos mayores. El envejecimiento de la población ha disparado la demanda de tratamiento para enfermedades neurodegenerativas como el párkinson, el alzhéimer o las demencias; o para daños adquiridos, como es el caso de los ictus, por ejemplo. En estas situaciones, el logopeda no solo trabaja para que el paciente mantenga su voz y su capacidad de comunicarse, sino que realiza una labor vital en la prevención de neumonías por aspiración debidas a la disfagia. Si con los niños trabajamos para mejorar su futuro, con los mayores lo hacemos para preservar sus capacidades y su conexión con el mundo.

Son retos totalmente diferentes.

Sí, y además el incremento de pacientes mayores nos ha puesto otro reto: evolucionar hacia una logopedia más humanizada y asistencial. No solo tratamos el síntoma físico, sino que nos convertimos en un apoyo fundamental para las familias y cuidadores. En una sociedad con una gran cantidad de adultos mayores, nuestra intervención reivindica que el derecho a ser escuchado y a comer con placer y seguridad no tiene fecha de caducidad. Los adultos y mayores representan hoy el desafío de la calidad de vida, recordándonos que cada palabra recuperada es una victoria contra el aislamiento y un paso adelante en el envejecimiento activo.

«Si con los niños trabajamos para mejorar su futuro, con los mayores lo hacemos para preservar sus capacidades y su conexión con el mundo»

Este año, la celebración del Día Europeo de la Logopedia ha puesto el acento en el papel transformador de la IA. ¿Qué intervenciones se van a poder beneficiar de esta?

La Inteligencia Artificial no ha venido a sustituir la mano del logopeda, sino a darnos estrategias terapéuticas. La gran revolución es que la IA permite que la terapia no termine cuando el paciente sale por la puerta de la consulta. Muchos tratamientos de logopedia requieren repetición y constancia, algo que a veces resulta tedioso para el paciente. La IA permite crear sistemas de entrenamiento en casa que son dinámicos: juegos y ejercicios que se adaptan en tiempo real al estado de ánimo o al nivel de fatiga del paciente. Si un día el paciente está más lento, la IA lo detecta y baja el ritmo; si está brillante, le propone retos mayores. Esto garantiza que cada minuto de práctica sea útil, evitando la frustración y acelerando la recuperación de forma exponencial. Más allá de la eficiencia técnica, esta tecnología actúa como un motor de motivación psicológica sin precedentes. Al convertir la rehabilitación en un proceso interactivo y gratificante, el paciente se siente dueño de su propio progreso, rompiendo con la monotonía que a menudo conduce al abandono del tratamiento. La IA nos ofrece una ventana privilegiada a lo que sucede en el día a día del paciente fuera de la clínica, proporcionándonos datos objetivos que antes eran imposibles de obtener. Esto nos permite, como profesionales, centrar nuestras sesiones presenciales en lo verdaderamente humano: el apoyo emocional, la resolución de bloqueos complejos y la conexión empática, dejando que la tecnología se encargue de la gimnasia repetitiva necesaria para la neuroplasticidad.

Su primer aporte sería en la evaluación y el diagnóstico del paciente. ¿Cómo se usa?

Tradicionalmente, nos basábamos mucho en nuestra experiencia y en la observación directa del paciente, lo cual es fundamental, pero siempre tiene un componente subjetivo. Ahora, la tecnología nos permite analizar el habla y la voz, por ejemplo, de una manera mucho más objetiva, detectando pequeñas variaciones o dificultades que a veces pasan desapercibidas en una conversación normal. Esto nos da una ventaja enorme, ya que nos ayuda a identificar el problema mucho antes y con una claridad que era difícil de alcanzar. En el ámbito del lenguaje, el salto es igualmente revolucionario. Analizar la riqueza léxica o la complejidad de las frases de un niño de forma manual es una tarea que consume horas de transcripción y estudio. Hoy en día y gracias al procesamiento de lenguaje natural, podemos desglosar ese discurso en segundos. Esto nos permite comparar el desempeño del paciente con miles de registros previos y obtener una precisión matemática sobre dónde se encuentra el desfase. De este modo, nuestras conclusiones se basan en datos objetivos y científicos que respaldan nuestro criterio clínico, permitiéndonos ser mucho más justos y precisos en el diagnóstico. Esta capacidad de análisis masivo no solo agiliza los procesos, sino que nos otorga una gran cantidad de información necesaria para que la intervención sea eficaz. Además, para las familias, esto se traduce en una tranquilidad inmensa: ya no se van a casa con una opinión subjetiva, sino con una radiografía exacta de las fortalezas y las debilidades de la comunicación de su ser querido. 

«Lo que la Inteligencia Artificial nos aporta ahora es la capacidad de llevar la personalización de la rehabilitación del paciente a un nivel de detalle que antes era casi inalcanzable»

La IA también les permite personalizar aún más el trabajo terapéutico con el paciente.

La personalización no es una opción en nuestra profesión; es el aspecto principal en cualquier rehabilitación logopédica con éxito. Cada cerebro es un mapa único y cada lesión o trastorno se manifiesta de una forma irrepetible. Lo que la Inteligencia Artificial nos aporta ahora es la capacidad de llevar esa personalización a un nivel de detalle que antes era casi inalcanzable. Nos permite que el material de trabajo no sea algo genérico extraído de un manual, sino un contenido vivo que emana directamente de la realidad del paciente: desde trabajar la comprensión con sus noticias favoritas hasta utilizar sus propias fotos familiares para reconstruir el lenguaje. Esta tecnología nos ayuda a actuar con el paciente con una observación constante. Gracias a esto sabemos exactamente qué palabras le provocan un bloqueo y, de forma estratégica, las reintroducimos en los ejercicios del día siguiente para reforzar esa conexión neuronal. Es, en esencia, disponer de un soporte terapéutico inteligente que no descansa, un guía que conoce los ritmos, los momentos de fatiga y los puntos fuertes, garantizando que el tratamiento evolucione a la misma velocidad que lo hace su cerebro. Este nivel de personalización tiene un impacto emocional decisivo en la recuperación, ya que la motivación se dispara. Ya no es una tarea monótona impuesta desde fuera, sino un reto diseñado a la carta que le devuelve la sensación de control sobre su propio progreso. Al final, la IA nos ayuda a que la logopedia sea un traje hecho a medida, a que cada minuto invertido en la terapia se traduzca en una mejora visible en su calidad de vida y en su autonomía.