Noticia publicada por El Progreso Salud
La rehabilitación de la disfagia no solo busca garantizar que el paciente reciba nutrientes, sino «devolverle la dignidad, el placer y la calidad de vida», afirma la logopeda Lorena Legaspi. Ella y el otorrinolaringólogo Frank Betances se ocuparán de coordinar la Unidad de Disfagia especializada que pone en marcha el hospital Ribera Polusa
La disfagia es la dificultad o incapacidad para tragar alimentos, sean sólidos o líquidos, o incluso la propia saliva. Sus causas son diversas (dolencias degenerativas, accidente cardiovascular, algunos tratamientos oncológicos o el propio envejecimiento) y sus consecuencias, graves. Más allá de las secuelas físicas, como la deshidratación, las infecciones respiratorias o las neumonías por aspiración, el paciente a menudo sufre aislamiento social o depresión. Para apoyar a estos pacientes, el hospital Ribera Polusa pone en marcha una Unidad de Disfagia especializada, que coordinan Frank Betances, otorrinolaringólogo, y Lorena Legaspi, logopeda.
¿Se puede revertir una disfagia?
Depende de cada caso, pero lo que sí podemos afirmar es que siempre es posible lograr una mejoría significativa. Más que hablar de una reversión absoluta y total en el cien por cien de los pacientes, el objetivo real es recuperar la máxima seguridad y eficacia al tragar. Las posibilidades de éxito o de hacer desaparecer el problema por completo están íntimamente ligadas a su causa (un ictus, una cirugía o el propio envejecimiento) y, de forma muy especial, a la rapidez en la intervención. Cuando el problema se detecta a tiempo y se aborda de forma precoz en una unidad especializada, las probabilidades de restaurar la función o de adaptar el organismo para que el paciente vuelva a comer con autonomía son sumamente elevadas. Incluso en casos complejos, el tratamiento frena el deterioro y evita complicaciones graves, transformando por completo el pronóstico de la persona.
El tratamiento va a ser distinto en función del desencadenante de este problema.
Por supuesto, el tratamiento debe ser estrictamente personalizado porque la disfagia no es una enfermedad en sí, sino un síntoma. Las causas son extraordinariamente diversas. Por un lado, tenemos la disfagia de origen neurológico, muy común tras haber sufrido un ictus, un traumatismo craneoencefálico o en pacientes con párkinson, esclerosis múltiple o alzhéimer. Por otro lado, están las causas mecánicas o estructurales, como las secuelas de cirugías tumorales en cabeza y cuello, o simplemente la presbidisfagia, que es el deterioro natural del mecanismo de la deglución asociado al envejecimiento. Dado que el músculo o el nervio dañado es diferente en cada caso, el plan terapéutico debe diseñarse ‘a la carta’ tras determinar la raíz exacta del problema.
El otorrino es quien valora, mientras el paciente ingiere distintas texturas, qué ocurre exactamente en su faringe y laringe. Él evalúa si el alimento pasa de forma segura hacia el esófago o si existe riesgo de que se desvíe hacia los pulmones
¿Qué papel desempeña la otorrinolaringología este trabajo?
El especialista de otorrinolaringología (ORL) es el pilar fundamental en la fase de diagnóstico y en el seguimiento objetivo de la evolución. Su conocimiento anatómico de la vía aerodigestiva superior es vital. En la consulta, es quien realiza pruebas clave como la Fees (fibroendoscopia de la deglución), que consiste en introducir una pequeña cámara flexible por la nariz para observar en tiempo real, mientras el paciente ingiere distintas texturas, qué ocurre exactamente en la faringe y la laringe. El otorrino evalúa si el alimento pasa de forma segura hacia el esófago o si, por el contrario, existe riesgo de que se desvíe hacia los pulmones. Sin esta valoración médica precisa sería imposible diseñar una rehabilitación segura y eficaz.
¿Y la logopedia?
La o el logopeda es el especialista que lidera la rehabilitación diaria, acompañando al paciente en cada paso del proceso. Su trabajo combina la ciencia, la constancia y la empatía. A través de un programa de terapia miofuncional, la o el logopeda entrena y rehabilita la musculatura de la boca, la lengua y la garganta mediante ejercicios específicos de fuerza, movilidad y coordinación. Además, dota al paciente de herramientas prácticas: le enseña maniobras compensatorias (como flexionar el cuello en una postura determinada al tragar) y pauta con absoluta precisión qué volúmenes y qué texturas (sólidos, líquidos con espesante, triturados homogéneos) puede tolerar de forma segura en cada etapa de su recuperación.
¿Cuánto tiempo transcurre hasta lograr los primeros resultados?
Los primeros resultados, en términos de seguridad y tranquilidad, se aprecian de manera casi inmediata. En la misma sesión de valoración, cuando se modifican las posturas, se adaptan los volúmenes de las ingestas y se ajustan las consistencias de los alimentos, el riesgo inminente de atragantamiento se reduce de forma drástica, aportando un alivio instantáneo tanto al paciente como a su familia. Ahora bien, si nos referimos a una recuperación estructural profunda —es decir, a recuperar la fuerza muscular y la automatización del reflejo de tragar— los resultados consolidados suelen empezar a evidenciarse a partir de las primeras semanas de tratamiento pautado, siempre que haya constancia y un seguimiento estrecho, pero todo va a depender del tipo de lesión previo o de qué ha originado esa disfagia.
El logopeda es quien guía al paciente para entrenar y rehabilitar la musculatura de la boca, la lengua y la garganta mediante ejercicios específicos de fuerza, movilidad y coordinación
¿Hay otras especialidades implicadas en la rehabilitación?
Absolutamente. La complejidad de la disfagia hace indispensable un abordaje coordinado, donde la terapia ocupacional y la enfermería especializada desempeñan un papel fundamental. El terapeuta ocupacional es clave para trasladar los avances de la consulta a la vida diaria del paciente: se encarga de adaptar el entorno a la hora de comer, trabajar la postura corporal en la silla o la mesa y evaluar el uso de cubiertos o vasos adaptados que faciliten la autonomía de la persona. Por otro lado, el equipo de enfermería realiza una labor de vigilancia crucial: son quienes supervisan las ingestas en el día a día, controlan los signos de alerta frente a un atragantamiento y forman, junto con el logopeda, a los familiares y cuidadores en el manejo seguro de las pautas médicas dentro del hogar. La suma de todas estas disciplinas es lo que verdaderamente garantiza una recuperación integral y segura.
La disfagia no solo afecta a la alimentación, ¿qué otras implicaciones tiene para el paciente?
La disfagia tiene un impacto devastador que va mucho más allá del mero hecho físico de comer; afecta a la supervivencia y a la salud mental. Desde el punto de vista estrictamente clínico, una disfagia no tratada deriva en desnutrición severa, deshidratación crónica y, lo más peligroso, en neumonías por aspiración, una complicación respiratoria grave causada por el paso de comida o saliva a los pulmones y que puede poner en riesgo la vida del paciente. El coste emocional es igualmente alarmante. El acto de comer está íntimamente ligado a nuestra cultura, a la celebración y a las relaciones sociales. Cuando una persona no puede tragar con normalidad siente vergüenza, miedo crónico a ahogarse en público y frustración. Esto provoca que el paciente rechace las comidas, se aísle de su entorno familiar y social y caiga con frecuencia en estados de ansiedad profunda o depresión. Por eso, tratar la disfagia en una unidad especializada no consiste solo en garantizar que alguien reciba nutrientes; consiste en devolverle la dignidad, el placer y la calidad de vida.