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Salud mental: el autocuidado debe ser una prioridad, no la última de las tareas

«Nuestra salud mental, nuestros derechos», ese fue este año el lema elegido para conmemorar el Día de la Salud Mental. Un elemento clave para lograr esa estabilidad es el autocuidado, como recuerda el equipo de psicólogas de Ribera Polusa-Clínica Santo Domingo.

El autocuidado es algo que no solo resulta positivo para la salud personal, sino que también influye positivamente en las relaciones del individuo con el entorno, como explica como recuerda el equipo de psicólogas de Ribera Polusa-Clínica Santo Domingo: «Es una herramienta que favorece el conocimiento de uno mismo, la autorregulación y el bienestar, y esto repercute positivamente en el humor y las relaciones interpersonales, con un mayor número de interacciones positivas. También ayuda a incrementar el rendimiento y la productividad y posibilita, en general, una mejor salud».  En definitiva, el autocuidado se encuentra en la base de nuestro bienestar físico y emocional; no es un lujo, es salud.

¿Qué es el autocuidado?

El término autocuidado hace referencia a las conductas que podemos adoptar con el fin de sentirnos mejor, física y mentalmente. En el ámbito de la salud mental, el autocuidado supone una herramienta que permite mejorar el bienestar, favorece el conocimiento de uno mismo y la autorregulación. 

Escuchar a nuestro cuerpo y atender a nuestras necesidades, ya sean físicas o emocionales, nos ayuda a controlar el estrés, tener más energía, estar más motivados o con mejor humor e, incluso, a disminuir el riesgo de contraer enfermedades.

En esa dirección, el equipo de profesionales de psicología de Ribera Polusa-Clínica Santo Domingo ofrece una serie de consejos prácticos para establecer una buena rutina diaria de autocuidado emocional:

–Seguir un estilo de vida saludable, que incluya una buena alimentación, descansar el suficiente número de horas y la práctica de actividad física.

–Hay que aprender a observar las emociones, identificarlas, entenderlas, aceptarlas y expresarlas. No existen las emociones negativas: todas son útiles y necesarias, por lo que no debemos huir de ellas.

–Establecer y cuidar relaciones personales positivas.

–Organizar tareas, establecer objetivos vitales y metas de forma realista. Organizar nuestro tiempo y tareas nos permite reducir el estrés, pero es importante respetar el tiempo de descanso. 

–Realizar actividades agradables y reservar tiempo para dedicarse a uno mismo. Nunca es tarde para aprender algo nuevo o retomar un hobby. 

De la resiliencia a las redes sociales

Mejorar el autocuidado significa, también, fortalecer la resiliencia. Ser capaces de enfrentarse a retos y desafíos con confianza y de forma constructiva pasa, entre otras cosas, por una buena gestión emocional, unas buenas relaciones con los demás, un buen reparto del tiempo y organización de las tareas, etc. Por ello, si somos capaces de cuidar todos estos aspectos, esta capacidad se verá incrementada y reforzada.

Vivimos tan estresados que, cuando tratamos de relajarnos, no sabemos hacerlo. Conocernos mejor a nosotros mismos y a nuestras emociones favorecerá nuestra salud mental

Otro ámbito que se va a ver fortalecido al mejorar nuestro autocuidado es el de las relaciones sociales. Porque cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, nos sentimos seguros y desde esa seguridad también nos relacionamos con los demás, comunicándonos con mayor confianza y destreza. 

Un nivel satisfactorio personal nos permite comunicar nuestras necesidades, opiniones y emociones hacia los otros con la creencia de que somos merecedores de que estas se tengan en cuenta y también darle a los demás la oportunidad de conocernos mejor y saber de qué forma cultivar nuestra relación. Asimismo, al sentirnos bien podemos desplazar el foco de atención hacia fuera y emplear más tiempo en cuidar las relaciones con los demás y recibir de ellos palabras de agradecimiento, afecto físico, un aumento del tiempo de calidad… que actúan como refuerzos positivos.

Autocuidado cognitivo

El autocuidado cognitivo consiste en favorecer el aprendizaje, estimular nuestra mente y desarrollar un pensamiento crítico. También puede hacer referencia a nuestro diálogo interno, en donde en algunas ocasiones encontramos una autocrítica excesiva que será necesario revisar y ajustarla con una visión más realista, para evitar así dañar nuestra autoestima. Entre las formas de trabajar el autocuidado cognitivo podemos encontrar:

–Buscar nuevos aprendizajes o conocimientos: estudiar idiomas, matricularse en alguna actividad o formación que siempre nos hubiera gustado hacer… 

–Leer o hacer ejercicios de estimulación cognitiva para estimular la memoria y la atención, como crucigramas, sopas de letras, ajedrez…

–Desarrollar cualquier actividad que favorezca la creatividad, ya sea escritura, dibujo, pintura o tocar un instrumento musical.

–Introducir pequeños cambios en nuestra rutina diaria, como variar la ruta que seguimos para ir al trabajo, entrar en una nueva tienda, pensar cada día un desayuno diferente…

Revisar nuestro diálogo interno. La manera en la que nos hablamos es importante, ¿le hablaríamos así a nuestro mejor amigo? Si la respuesta es no, quizás necesitemos hacer algún cambio y si ese diálogo interno es excesivamente crítico en cuanto a frecuencia e intensidad, o nos limita o daña en muchas ocasiones, puede que sea necesario buscar ayuda profesional.

Más información en: riberasalud.com/polusa