«Para la mujer, la perimenopausia suele ser más difícil de gestionar que la propia menopausia»

Noticia publicada por El Progreso Salud

El tabú de la menopausia se resquebraja. Las mujeres se niegan a ser invisibilizadas durante esa etapa, de la que ahora hablan y sobre la que demandan respuestas, tanto en el plano físico como en el emocional.

La menopausia trae importantes cambios a la vida de la mujer, tanto en el plano físico como en el emocional, tal y como confirma el equipo de psicólogas del hospital Ribera Polusa y la clínica Santo Domingo, integrado por Lucía FernándezLucía ArzaCristina LópezSteisy de la Torre y María Novo, bajo la coordinación de Belén Vázquez.

¿La menopausia supone un duelo para la mujer?
Desde el punto de vista de la psicología, sí; se puede ver como un tipo de duelo, aunque muchas veces la mujer sea consciente de ello. La menopausia trae consigo pérdidas que, aunque no sean materiales, importan: la posibilidad de tener hijos, sentir que nuestra imagen corporal ya no corresponde a un cuerpo joven y, en ocasiones, un duelo por una forma de vivir que nos gustaba. En psicología, el duelo no es solo cuando alguien fallece, sino la manera en cómo nos adaptamos a cualquier pérdida grande. Y aquí el cambio es importante. No es un duelo patológico, sino una forma de reordenar tu interior: quién soy ahora, qué me está pasando y cómo me siento con mi cuerpo y con el paso del tiempo. Si se lleva bien, puede convertirse en un momento de crecimiento emocional.

Emocionalmente, ¿resulta más compleja la perimenopausia o la propia menopausia?
La perimenopausia suele ser más difícil de gestionar, no solo por lo que significa para la mujer, sino por lo inestable que es. En esta etapa, los cambios hormonales influyen en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que están muy relacionados con el ánimo. Esto puede hacer que la mujer se sienta más vulnerable: irritable, triste, ansiosa o con cambios de humor repentinos. Pero hay algo más: la incertidumbre. Muchas mujeres no saben que están en perimenopausia y empiezan a pensar que les pasa algo malo. Esa sensación de perder el control o de no reconocerse puede causar más estrés. Una vez que llega la menopausia, el cuerpo tiende a estabilizarse y las emociones también. Lo que más descoloca suele ser lo que no se espera.

«El duelo no es solo cuando alguien fallece, sino la manera en cómo nos adaptamos a cualquier pérdida grande. Y el cambio que supone la menopausia, con sus pérdidas, es importante»

¿Qué cambios provocan una mayor angustia?
A nivel emocional, la sintomatología que más impacta suele ser aquella que nos hace sentir que ya no somos nosotras mismas o que no tenemos el control de nuestra vida. Por ejemplo, el insomnio no solo nos produce un cansancio físico, sino también descontrol emocional, aumentando la ansiedad. Los cambios a nivel sexual pueden afectar profundamente a la autoestima y al deseo sexual. La niebla mental puede hacer que incluso mujeres altamente competentes empiecen a dudar de sus capacidades y los cambios a nivel corporal pueden activar miedos asociados al envejecimiento o a perder el atractivo. En psicología sabemos que lo que nos genera malestar no es simplemente el síntoma, sino cómo lo interpretamos. Si sientes que ese cambio te está quitando valor, te afectará mucho más que si lo ves como algo natural. 

¿Qué porcentaje de mujeres llega a requerir atención psicológica?
La menopausia es un momento vital con implicaciones no solo a nivel biológico, sino también psicológico, social y existencial. Nos encontramos con sintomatología muy variada, desde estado de ánimo bajo a irritabilidad, problemas cognitivos, etc, influyendo todo ello a su vez en el bienestar general. A pesar de esto, un alto porcentaje de las mujeres que los viven no solicita ayuda profesional, llegando a normalizar dichos síntomas y atribuyéndolos a los cambios hormonales, sin tener presente que el malestar puede ser atendido y acompañado en terapia por profesionales especializados. Esto puede deberse al estigma y carencia de información que todavía existe en torno a la salud mental relacionada con la menopausia, así como a la normalización del malestar a causa del paso de los años como algo inevitable, que siempre se ha vivido.

«La niebla mental puede hacer que incluso mujeres altamente competentes empiecen a dudar de sus capacidades y los cambios a nivel corporal pueden activar miedos asociados al envejecimiento o a perder el atractivo»

Cuando una paciente llega a consulta con esta sintomatología, ¿qué pautas de gestión emocional se le pueden ofrecer?
Cuando una mujer demanda atención psicológica, el objetivo no es solo aliviar sus síntomas, sino restaurar el equilibrio en su vida, logrando una adecuada adaptación a esa nueva etapa y a lo que trae consigo. Un paso fundamental es aportar psicoeducación, que la persona comprenda lo que le está ocurriendo tanto a nivel biológico como psicológico, al tiempo que se revisan las creencias y mitos asociados a esta etapa en la mujer. También es fundamental proporcionar recursos para una adecuada regulación emocional, aprendiendo a identificar, nombrar, validar y modular aquellas emociones que puedan llegar de manera desbordante en su día a día. Nuestro estado emocional está estrechamente vinculado a la actividad fisiológica, por lo que técnicas de regulación como respiración diafragmática, relajación muscular y prácticas de meditación y atención plena son de gran ayuda para estabilizar cuerpo y mente y lograr  una reducción significativa de la sintomatología.

El apoyo del entorno resulta importante, pero muchas veces este desconoce cómo actuar.
La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa natural en el ciclo vital de una mujer, de ahí la importancia de un apoyo sin juicios, empático y en el que se validen los cambios que vayan ocurriendo. La desinformación genera y fomenta prejuicios y estigmas, por lo que es recomendable que tanto la mujer como sus allegados –pareja, familia e incluso entorno laboral– sean conocedores y comprendan los síntomas, entendiendo que no son exageraciones, sino efectos de un proceso biológico. A su vez, se debe entender que apoyar no implica infantilizar ni limitar la autonomía de la persona, sino primar la escucha activa, sin restarle importancia al malestar. A nivel de pareja es fundamental cuidar la intimidad y la comunicación, promoviendo espacios para cada uno de los miembros, pero manteniendo los momentos de conexión entre ambos, el diálogo y la exploración de nuevas formas de intimidad que fortalezcan el vínculo.